viernes, 31 de agosto de 2012

Aguafuerte: Vomitando gente

Esos días que creemos soñar, y esa imagen de perfección se convierte en oscuridad.
Nos levantamos, ya un poco malhumorados y nos contentamos con seguir con la rutina.
Un zumo de naranja que desborda la pulpa por los lados y un pan aparentemente tostado que se desmenuza ni bien toca nuestros labios.
De repente llega nuestra madre del trabajo, cansada y con un dejo de nostalgia, como si llevara una gran mochila sobre sí. Una congoja recorre nuestro cuerpo. Es entonces cuando le preguntamos si quiere salir un rato, como si eso pudiera solucionarle la vida.
 Vamos al lugar que suelen ir todos aquellos que no tienen nada mejor que hacer. Como un centro de concentración. Todos corriendo de un lado a otro como ovejas descarriadas. De repente ese lugar que conocemos como un centro turístico se convierte en un centro de asfixia.
Todos parecen vómito, llendo de un lugar a otro con una maraña de personas atrás.
Solo hay dos cosas buenas que podemos rescatar. El helado derretido de McDonals que se deshace entre los dedos, como por arte de magia. Y los juegos del Sacoa con sabor a óxido y sudor. 

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