viernes, 12 de abril de 2013

Una visión

Oscura y tempestuosa era la noche. En el alto trono del firmamento no centelleaba uno sola estrella; pero el sordo retumbar del trueno vibraba constantemente en los oídos mientras los terroríficos relámpagos hendían la nebulosa concavidad del cielo y parecían burlarse del poder ejercido sobre su terrible potencia por el ilustre Franklin. Hasta los estrepitosos vientos, abandonando sus místicas moradas, se lanzaron, rugiendo, por doquier, como para aumentar con su ayuda el horror de la escena. En un momento tan lóbrego y espantoso, mi espíritu, suspiraba buscando la compasión humana, pero en lugar de ella, no mas querido amigo, mi mentor, mi ayuda, y mi guía  mi consuelo en las penas, mi segunda felicidad en la alegría, vino a mi lado.
 Se movía como uno de esos fulgentes seres imaginados en los soleados caminos de fantásticos denos por los románticos y jóvenes  una reina de belleza sin mas adorno que su propia y trascendente hermosura. Tan suave era su paso, que fracasaba en emitir algún sonido, y si no fuera por el mágico estremecimiento que impartía con su toque genial, se hubiera deslizado inadvertida y no buscada, como otras discretas bellezas. Una tristeza extraña descansaba en sus rasgos como lagrimas de hielo sobre el vestido de diciembre, cuando me señalo, fuera, los elementos en contienda y me rogó que contemplase los dos seres que se aparecían.


Extraído del libro Las aventuras de Tom Sawyer, incluido por el autor junto a otras pequeñas poesías y extraído a su vez de Prosa y poesía, por una señora del Oeste.


Creo que esta poesía hace revivir lo que muchas veces esperamos encontrar en un escritor, una textura ardiente, que nos meta dentro de la historia y nos haga sentir parte de ella. Ya que hace mucho tiempo que no escribo, quise dedicarme por esta vez, a dejarles esta pequeña reseña, que logro hacer arder una pequeña llama en mi.